La primera vez que me topé con Escribà fue en la inauguración de una exhibición de arte, donde el hijo del maestro chocolatero del dueño estaba llevando a cabo una “performance” en vivo. Durante la misma cubrió completamente a dos modelos desnudos en una infinidad de dulces, tras se dedicaron a “comerse” el uno al otro, y finalmente se invitó a la audiencia a probar los dulces directamente del cuerpo de los modelos. No precisamente lo más común en una noche de martes cualquiera…